El síndrome de Damocles 5/5 (5)

Damocles fue al parecer un cortesano excesivamente adulador en la corte de Dionisio II, un tirano de Siracusa (Sicilia) del siglo IV a. C. Propagó que Dionisio era realmente afortunado al disponer de tanto poder y riqueza. Dionisio, deseoso de escarmentar a su adulador cortesano, se ofreció para intercambiarse con él por un día, de forma que pudiera disfrutar de primera mano su suerte. Esa misma tarde se celebró un banquete donde Damocles gozó como un rey. Sólo al final de la comida miró hacia arriba y reparó en la afilada espada que colgaba atada por un único pelo de crin de caballo directamente sobre su cabeza. Inmediatamente se le quitaron las ganas de los apetitosos manjares y las bellas muchachas, y pidió a Dionisio abandonar su puesto, diciendo que ya no quería seguir siendo tan afortunado.

La espada de Damocles es una frase acuñada en alusión a este cuento para ejemplificar el peligro que entrañan algunas situaciones amenazantes.

El denominado “Sindrome de Damoclesocurre con frecuencia en los pacientes oncológicos, pues sentir incertidumbre después de haber superado un cáncer puede considerarse normal. Sin embargo ese miedo a la recaída de su enfermedad puede llegar a provocar gran ansiedad y convertirse en patológico.

El síndrome de la espada de Damocles podría definirse como un miedo desmesurado a la recaída de la enfermedad. Como dice mi psiconcóloga de cabecera, Inmaculada Martínez, los pacientes se sienten durante el proceso de tratamiento como funambulistas de un circo, pero con una red debajo que les protege. Pasan entonces de un lado al otro de la cuerda floja optimistas, fuertes, sin miedo, pues tienen la certeza de que si caen no se harán daño y caerán sobre la red. Una vez superada la fase de tratamientos, los pacientes caminan por esa misma cuerda floja, pero esta vez no tienen la red o la “protección del tratamiento activo”. Sienten estar en una montaña rusa cada vez que tienen que hacerse un chequeo médico o hacerse una prueba de rutina. Y es aquí donde puede empezar el problema.

Los pacientes oncológicos viven generalmente con gran desconcierto el proceso de la enfermedad. Al finalizar los tratamientos lo lógico parece que sería recuperar su vida anterior, pero ello no siempre ocurre de manera tan sencilla. Los temores se inician cuando aparecen síntomas de cualquier otra enfermedad común y se comienza a pensar con la idea de que quizás el tumor haya reaparecido o pueda haber una metástasis. También sucede cuando al ser informados de un nuevo caso en alguien conocido o cercano o cuando alguna de ellas fallece. Es habitual pensar en ello cuando se acerca la fecha de la revisión. Se reconoce como patológico cuando ese temor nos domina y no nos permite una vida normal.

Vivimos muchas veces condicionados por la idea de controlar todo nuestro mundo. El supuesto control nos da seguridad y estabilidad. Recuperar la normalidad y aprender a vivir con la idea de que quizás el cáncer vuelva no es nada sencillo, pero no por ello imposible. Lo importante es tomar conciencia de que algo ocurre en nuestro interior y que con ayuda podemos tomar nuevamente las riendas de nuestra vida.

Hay algunos pacientes viven la experiencia de la enfermedad con otro prisma, como una revelación, a pesar de la dureza del proceso, comprenden que el aprendizaje y la experiencia obtenidas son irremplazables y que difícilmente adquiridas con cualquier otro hecho vivido. Aprender a manejar nuestras emociones, plantarle cara al miedo, expresar la rabia y la ira acumulada, puede conseguirse a través de ayuda psicológica o grupos de apoyo. Lo importante es no olvidar y que pase lo que pase saber que no estamos solos.

El cáncer ha pasado a ser una de las epidemias de este siglo, el mensaje positivo es que es curable en muchos de los casos. No debemos olvidar la importancia de autocuidarse en todos los sentidos, de apuntarse a una vida sana física y emocionalmente hablando y sobre todo aprender a vivir la vida aquí y ahora, en el momento presente, porque es lo verdaderamente nuestro y lo que debemos disfrutar plenamente. El pasado ya pasó y el futuro está aún por venir.

Canción: FIERA de Funambulista

 

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7 respuestas a «El síndrome de Damocles»

  1. Gracias, no conocía el síndrome, pero lo entiendo y lo veo muchas veces en mis pacientes. No sabía que llamaba así.
    Lo mejor: vivir el AQUÍ y el AHORA. Y lo que yo siempre digo: el aquí, el ahora y el ADENTRO. La gente siempre dice "mirar para delante", creo que es mejor "mirar hacia dentro". La clave de la felicidad está en nuestro interior.

  2. Si, Aurora, la felicidad vive en nuestro interior y en la actitud que tomamos ante la adversidad. Donde algunos ven problemas, otros ven retos que superar. Esa es la actitud que nos transforma a ser mejores y felices. Un abrazo y gracias como siempre por tu aportación.

  3. Hola, buenas noches.
    Soy madre de un niño de casi 10 años. Con 8 le diagnosticaron un sarcoma de ewing. Ha recibido 6 ciclos de quimioterapia; le operaron y le amputaron dos dedos completos del pie derecho; le han dado 28 sesiones de radioterapia; por último otros 8 ciclos de quimioterapia.

    Justo este jueves acaba el tratamiento. Ha sido un año HORRIBLE. Él lo lleva bien. Hemos sido muy fuertes, y a pesar de no haber dado con los mejores profesionales ni los recursos más apropiados en cada momento, damos gracias a los avances médicos y a Dios.

    Ahora nos toca afrontar una esperada rehabilitación, para que recupere la marcha, ya que cojea a pesar de la prótesis.

    Y faltan las pruebas a ver cómo ha salido todo.

    La psicóloga que nos ha ayudado, Nuria, de la Asociación Pequeño Valiente, una maravilla de persona y gran profesional, me ha dicho que padezco este síndrome.

    Creo que el artículo define a la perfección lo que se siente, pero en nuestro caso y afortunadamente lo he sufrido yo, o al menos eso quiero pensar. No sé si estoy explicándome bien…

    Solo quiero comentar que este síndrome no solo lo padece el enfermo, afectado directo, persona enferma o como se quiera llamar…

    GRACIAS por describirlo, porque ha sido una manera de hacerme ver que está dentro de lo que cabe esperar después de algo así, que es normal y que con ayuda podré superarlo.

    Un abrazo.

    Araceli

    1. Querida Araceli: Como madre y como médico creo que puedo llegar a imaginarme lo que esta dura experiencia ha tenido que ser para ti. Admiro profundamente a los padres que como tú han atravesado un proceso oncológico en sus hijos. Todos los sentimientos que has expresado son válidos y tras finalizar una etapa, viene otra y luego otra…Incertidumbre, miedo, dolor y una serie de sentimientos encontrados azotan a toda la familia. Bueno es reconocerlos y seguir adelante. Muchas gracias por tu testimonio. Un abrazo muy fuerte para ti y tu pequeño. Cuidaros mucho.

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