– Nos produce un masaje visceral interno
– Reduce el estrés, la ansiedad y la depresión: Se produce un aumento de endorfinas, modula la dopamina, la serotonina y la oxitocina, todas ellas hormonas implicadas en nuestro bienestar psíquico.
– Mejora las relaciones sociales, la interacción, la colaboración y la solidaridad.
Poca broma, pensarán muchos. No parece serio esto de tomarse el cáncer a risa y no digo que haya que hacerlo. El optimismo y el buen humor no nos van a “curar” por si solos del cáncer, pero si suponen un buen coadyuvante y un recurso poderoso para sobrellevar la enfermedad. Lo dice incluso el famoso Dr Viktor Frankl en su magnífico libro “El hombre en busca de sentido” que trata de cómo superar la adversidad en una situación extrema como lo es un campo de concentración nazi y cómo empleaba lo que el venía en llamar “un extraño sentido del humor” como arma terapéutica. Explorar nuestro sentido del humor y hacerlo aflorar desbloquea determinadas situaciones difíciles, nos libera y sobretodo nos condece a un cambio de perspectiva que resulta muy interesante y constructivo. Estimular el lado divertido de las cosas puede salir de forma natural y es positivo que fluya. Si no es así, creo que sería un buen ejercicio de entrenamiento que nos ayudaría a ser más felices y a ser capaces de transformar nuestra forma de ver las cosas.
Evidentemente hay que saber cuándo el sentido del humor no es apropiado, pues puede ser hiriente, cuando lo que buscamos es todo lo contrario. Se considera que el humor no debe utilizarse y se evitará:
- En las horas de agonía y fase muy terminal de la enfermedad, porque es cuando el paciente y la familia viven un gran impacto emocional y en consecuencia no están receptivos a ningún tipo de intervención desde el exterior.
- En el primer impacto diagnóstico, donde el proceso mental de comprensión es muy importante y requiere toda la atención posible.
- En presencia de familiares u otros pacientes que se encuentran en diferentes estadios de su enfermedad o de aceptación de la misma.
- No resulta adecuado utilizar humor sexista, xenófobo o que ridiculice.
- Establecer desde el principio una relación sana, alegre y “empática” con el paciente.
- Adoptar actitudes positivas en la información al paciente y en la resolución de dudas.
- Ayudar al paciente y familia a identificar qué es lo que más le preocupa del proceso de la enfermedad.
- Reforzar cualquier aspecto o progreso positivo, por pequeño que parezca.
- Animar al paciente a realizar actividades que resulten agradables y de su interés.
- Si la alegría es un estado normal del ser humano, practicarla para reforzarla.
- Ser muy consciente de las actitudes que favorecen una relación de ayuda humana basada en el respeto y la comprensión.
- Aprender a reírnos de nosotros mismos, de nuestras debilidades, errores, miedos e ignorancias, que es el primer paso que nos sitúa en condiciones de reconocer lo que ya sabemos.
“Ocasionalmente puede vernos reír o incluso contar algún chiste. Sepa que estamos prestando a su ser querido nuestros mejores cuidados. Hay momentos en que la tensión es máxima. Hay momentos en que nuestros sistemas están estresados. Hemos descubierto en el humor un factor para mantener nuestro equilibrio mental.Por tanto, si usted es un paciente que espera o un familiar o un amigo, no malinterprete nuestra sonrisa. Es lo que evita que nos pongamos a gritar”
Les dejo con un video de la película “Patch Adams” que reivindica el uso del sentido del humor para los enfermos.
Una entrada fantástica, GRANDE. A mí también me alimenta el corazón.
Gracias.
Me alegra coincidir en lo que nos "alimenta". Un abrazo.