Cineterapia oncológica: La Guitarra. (“The Guitar”). EEUU. Amy Redford. 2008 4.8/5 (5)

La Guitarra (“The Guitar”) cuenta en el espacio surrealista de una misma mañana a una mujer joven llamada Melody (interpretada por Saffron Burrows) que pierde su trabajo, su novio, rompiendo su relación sentimental y a su vez le informan de que tiene un cáncer terminal de laringe y que tiene un pronóstico infausto. Ante esa situación, decide perseguir sus sueños durante los meses que le quedan de vida. Retoma lo que dejó perdido en la monotonía para revivir lo que dejo atrás. Y sólo le acompaña una guitarra con la que sueña desde que era niña hasta el final.
La película fue dirigida por Amy Redford  y cuenta también con otros actores de reparto: Isaach De Bankole , Paz de la Huerta , y Richard Short.
Como he apuntado, Melody Wilder o  “Mel” es diagnosticada de un cáncer de laringe terminal. Esto es algo inverosímil pues es un tumor que con baja frecuencia se encuentra en mujeres y menos a la edad de la protagonista. Se le junta además que es despedida de un trabajo ingrato, cosa que es de agradecer y es más creíble y abandonada al mismo tiempo por su novio (cosa que también entra dentro de lo que consideraríamos normal). Sin nada que perder y dado que le auguran dos meses de vida, coge los ahorros de su vida entera para alquilar un loft palaciego vacío en el Village de Nueva York. Pensando que nunca tendrá que pagar los platos rotos, ella vive de sus tarjetas de crédito, llena el loft con los productos lujosos, se dedica sensualmente tanto el hombre de paquetería de entrega como a una chica repartidora de pizzas y enseña también a tocar la guitarra eléctrica que ella ansiaba desde infancia. Estas experiencias de vida le transforman de manera irrevocable, descubre una pasión por la vida y su voluntad de vivir intensamente. 
Se trata de una comedia desenfadada que encima es una ópera prima de la hija de un viejo conocido, Robert Redford. ‘The Guitar’ es el primer trabajo de Amy Redford. El inicio del argumento cinematográfico peca de tremendismo propio de una directora novel, basado en primeros planos de la chica y en situaciones un tanto chocantes. Luego aparecen “flashbacks” que vienen a demostrar que la verdadera pasión de esta mujer es una guitarra que siempre le acompañaba desde pequeña. Mel aprovecha su situación para irse a un apartamento de lujo y realizar un canto al consumismo más depravado, pasearse desnuda por su nuevo hogar, y rendir tributo a la libertad. Se dice que ‘The Guitar’ es una secuela irreverente de ‘Mi vida sin mí’.
‘The Guitar’ es una película de difícil clasificación con mensaje dudoso y artificial. Pretende rendir homenaje a la música, cuando ésta apenas tiene protagonismo alguno en esta historia y debería ser el eje de la película teniendo en cuenta el título. A pesar de todo ganó elogios en el Festival de Cine de Sundance 2008 por el hecho de mostrar el auto-empoderamiento de la mujer.

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Cineterapia oncológica: El Doctor (Randa Haines 1991)

He imaginado una sección que he tenido a bien llamar “CINETERAPIA ONCOLÓGICA”. Con ello quiero compartir películas que pueden ayudarnos a acercarnos a la realidad del cáncer, pero desde un punto de vista positivo y real,  aunque haya tintes de fantasía en algunas de ellas.

Me inicio con “El Doctor” de Randa Haines (EEUU). Corría el año 1991. Ese mismo año empecé mi residencia de Oncología Radioterápica y recuerdo que entonces fui a verla. La recuerdo muy bien. William Hurt encarna de forma magistral a un excelente cirujano torácico, el Dr Jack MacKee, que vive en un pedestal frío, déspota y distante a los pacientes. Un buen día esta ÉL se convierte en paciente. Le diagnostican un cáncer de laringe que es inicialmente tratado con Radioterapia. Le toca entonces beber de su propia medicina: esperas, trámites burocráticos, sensación de vulnerabilidad, falta de intimidad, pruebas equivocadas, etc. y se produce el MILAGRO: cambia, se humaniza, se reencuentra y comprende de verdad de cuál debe ser su papel como médico. Un verdadero RENACIMIENTO.

Hoy la he vuelto a ver y reconozco que me ha emocionado, igual que hace 20 años. La tecnología ha cambiado, pero los dilemas éticos no y el encuentro con el verdadero sentido de la vida tampoco. Son valores universales que permanecen hoy día. Es una excelente autocrítica.

Os la prescribo encarecidamente a todos. Espero que la disfrutéis.

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