Entretanto, el multimillonario empresario Edward Cole (Jack Nicholson) nunca ve una lista sin pensar en los beneficios. Siempre está demasiado atareado haciendo dinero y construyendo un imperio para pensar en cuáles podrían ser sus necesidades más profundas. Carter y Edward son dos personajes antagónicos que se encuentran compartiendo habitación de un hospital cuando a ambos les detectan un cáncer de mal pronóstico dejándolos condenados a un ingreso hospitalario prolongado. Ambos se encuentran con tiempo para pensar en lo que sucederá a continuación, y en cuánto de ello está en sus manos. A pesar de sus diferencias, pronto descubren que tienen dos cosas muy importantes en común: una necesidad no satisfecha de aceptarse a sí mismos y las elecciones que han hecho, y un deseo urgente de pasar el tiempo que han perdido haciendo todo lo que siempre quisieron hacer. Así que, en contra de las órdenes del médico y del sentido común, estos dos auténticos desconocidos abandonan el hospital y se lanzan juntos a la carretera para vivir la aventura de sus vidas.
Se trata de una película que gracias a dos estos dos grandísimos actores y pese a lo duro del tema, logran que el espectador suelte una sonora carcajada. Ponen de manifiesto los grandes arrepentimientos que muchos de nosotros tendíamos ante la posibilidad de una muerte inminente. No deja ese regusto agridulce de muchas películas sobre el tema. Es una película fresca y divertida. Carter nos conmueve y Eduard nos remueve. Ambos, además de hacernos pasar un buen rato, nos hacen reflexionar con una espléndida sonrisa en la boca. Algo que siempre es de agradecer. Les dejo con el tráiler del filme.