Relato de verano: Modo off

Desconectar. Olvidarse del mundanal ruido. Descansar. Contemplar cómo baten las olas del mar sobre la arena de la playa o las rocas de algún acantilado. Sentir el calor del sol que dora tu piel. Estas pequeñas cosas son las que adoro poder permitirme durante unos días de vacaciones. Cambiar de lugar y perspectiva te ofrece la oportunidad de renovar fuerzas necesarias para afrontar el día a día que durante el año ya pesa y llega a veces a darte la sensación de que te aplasta. El descanso del guerrero ha llegado y me he propuesto aprovecharlo, bebérmelo entero y reconfortarme plácidamente. 
Recuerdo que de pequeña el verano se me antojaba largo, el agua del mar era mi medio natural del que no salía y la arena de la playa constituía la excusa perfecta para construir mis castillos y alguna que otra pequeña obra de arte efímera. Deboraba entonces tebeos y libros de Enid Blyton. Montaba en bicicleta por parajes en los que ahora inundan apartamentos.
Debo estar haciéndome mayor porque ahora me gusta más contemplar el mar que sumergirme en él durante horas. El agua me parece fría y la arena me gusta sentirla bajo mis pies cuando paseo sobre ella. Ahora soy yo la que veo a mis hijas dentro del agua sin descanso y son ellas las que hacen sus propios castillos de arena. La misma realidad se transforma en el tiempo y vuelve hacia ti para recordarte que un día fuiste también una niña.
Aprovecharé que me encuentro en “modo off” para coger aire, respirar profundamente, oxigenarme y avanzar. Un nuevo curso me espera y deseo afrontarlo con fuerzas renovadas. 

Les dejo con un video con bonitas panorámicas veraniegas desde donde me tomo unos días en “modo off”.

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Saber desconectar para conectar

He de reconocer que me siento atraída por las llamadas nuevas tecnologías, en lo que viene a llamarse una “geek” o “friki” tecnológica. La revolución tecnológica como cualquier revolución tiene sus claros y sus grises.
En una ocasión visitando el pequeño pero maravilloso Museo del Libro “Fadrique de Basilea” en la ciudad donde resido (Burgos) y que desde aquí animo a visitar, comprendí por analogía el momento, en cierto modo histórico, por el que estamos pasando. En él puede observarse la interesante evolución a lo largo de la Historia de la escritura, inicialmente en piedras como el caso de  los jelogríficos egipcios, para luego dar paso a los papiros, al papel, a los fantásticos libros incunables, a la imprenta y finalmente al libro digital. La imprenta de Gutenberg  a partir de 1440 supuso un avance cultural muy notable, pues a partir de aquel momento se democratizó en cierta forma la accesibilidad al conocimiento. La lectura de los libros estaba hasta entonces sólo estaba reservada al clero y a la nobleza. Tal fue el cambio por aquellos años que no faltaron voces para acallar a los libros. La imprenta dejaba impresas las palabras que podían expresar pensamientos, ideas, acercándolas a más personas, tomando conciencia del poder de la palabra escrita. De ahí surgió la Inquisición como un modo de control a ese bien preciado que es la cultura y que era considerado “peligroso”. Esta revolución  que supuso el libro impreso tiene ciertos paralelismos con la revolución tecnológica actual.
Las nuevas tecnologías nos abren la puerta a una gran cantidad de información, de oportunidades, de hacer visible lo invisible, de hacer posible otras formas de comunicación diferentes a los canales habitales hasta ahora establecidos, de socializarnos de una forma hasta ahora desconocida, aumentándonos nuestra realidad cotidiana. Se ha establecido así otro salto en la accesibilidad de la información, una nueva era digital en toda regla. También toda esta vorágine tiene una cara “B”: la falsa información no contrastada, la “muerte” por infoxicación y  la sensación de que toda esta tecnología nos roba tiempo para hacer otras cosas quizás más importantes, convirtiéndonos en un “homo distraidus“.

He escrito este “post” porque voy a tomarme un tiempo de sana y necesaria desconexión digital para coger carrerilla y empujar con ganas el nuevo curso que en septiembre se avecina. Aprovecharé estos días para inspirarme, para leer esos libros pendientes, para reconciliarme y fundirme en un baño con mi añorado mar Mediterráneo, para disfrutar de la compañía de mi familia, para el reencuentro con viejos amigos, para hablar otras lenguas que tengo algo oxidadas en mi cerebro y para poder dar, en definitiva, un 100% en cuerpo y alma.

Dejo en puntos suspensivos la posibilidad de publicar algún “post” liviano en lo que queda de agosto. No me echen de menos y disfruten por favor del tiempo libre. Que la vida son dos días y uno ya ha pasado….

¡FELIZ VERANO A TOD@S!

http://www.youtube.com/watch?v=wf_dzUamjwg

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